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El gallito se hizo gallo (prohibido prohibir)

Un cantante sabe la diferencia entre afinar y entonar; Manel Navarro, no.

Aunque algunos quieran prohibir y condenar, que los espectadores televisivos que vieron la gala final del pasado certamen internacional de Eurovisión 2017, expresen lo que les venga en gana, lo cierto, es que están en su derecho de decir que la actuación del representante español les ha parecido una soberana mierda, tal y como constatan los resultados, los peores de nuestro país en los últimos 20 años, que se dice pronto.

Se buscan culpables a la debacle histórica de España, que ha quedado última. Ir a un concurso musical, enfrentarte a 25 candidatos, y ser último, no es como para que al terminar, saludes a los medios de comunicación y digas que estás orgulloso y contento de tu experiencia. Habrá que recordarle a Manel que representaba a un país, y habrá que recordarle a quienes tratan de defenderlo, que lo hacía con dinero público. RTVE es la encargada de todo este circo, un ente público que pagamos todos y todas. Sin lugar a dudas, ellos son los máximos responsables de este descalabro, que no hace sino atestiguar, el nivel cultural y musical que tenemos.

No importa que tenga 21 años. Manel Navarro tenía 21 años para subirse al avión e irse a Kiev (Ucrania) con gastos pagados. También para disfrutar de la comodidad del hotel. También tenía 21 años para subirse al escenario, y asumió esa responsabilidad porque quiso, así que sabía lo que hacía, y lo hizo con absoluta libertad, la misma que tienen todas y cada una de las personas, que lo han visto y que piensan que jamás debió presentarse.

Él, en una nota que ha hecho pública, da a entender que el problema ha sido –y cito palabras textuales- “no dar una nota que tenía controlada”. No hay más ciego que quien no quiere ver. Un jurado profesional, que repartió más de 2.000 puntos entre todos los países, no otorgó ni un solo voto a Manel. ¡Ni uno! Profesionales de 25 países europeos que le dieron más de 300 votos al candidato portugués, no le dieron ni un mísero voto a Navarro. ¡Debe ser bo! (que diría mi abuela en gallego). Por cierto… las votaciones las habían entregado días antes de la gala final, a tenor de lo visto y sobretodo oído en los ensayos, lo que quiere decir, que Manel miente. Se hace el gallito y se lamenta del gallo, pero nada que ver, ese fue el detonante para convertirlo en el hazmerreír de todo el país en cuanto terminó el programa, pero cuando escampa el temporal, lo que queda, es la sensación de que la música española ha vuelto a quedar en entredicho, y el interés y el apoyo que recibe ésta de las instituciones y los organismos públicos en nuestras fronteras es tan deleznable que nos deja en ridículo fuera de ellas.

Lo malo de Manel es que no es un actor. Tenía un pase lo de Rodolfo Chikilicuatre porque en verdad no era, -ni pretendía ser- músico. Es un actor cómico que interpretó su papel, haciendo una sátira esperpéntica de un pseudo espectáculo televisivo-musical en el que ridiculizó el negocio y el certamen, y lo más interesante de todo, y lo que terminó por hundir mucho más la reputación de Eurovisión fue, no sólo que llegó a la final, no sólo que llevó la bandera de España como estandarte, sino que además quedó 16º y sacó 11 veces más puntos que Manel Navarro. ¡Mátense!

¿Y qué más da Eurovisión? ¿A quién le importa? Pues cada día a menos gente, al menos en nuestro país, cansados del ridículo, y de espectáculos lamentables, pero tiene su enjundia, porque estamos hablando del concurso vocal más reconocido, visto, seguido, y experimentado de nuestro continente, así que para los compositores y los intérpretes, este debería ser un certamen de referencia, una oportunidad única para descubrir nuevos talentos, conocer nuevos artistas, y disfrutar de la música y del arte de hacer canciones. Por el contrario, es lo que ven, una pérdida de dinero público y un descalabro artístico que se supera cada año en lo patético y en lo grotesco.

¿Por qué Manel Navarro? Alguien tendrá la respuesta. Es extraño que un joven que no ha publicado ningún disco, con sólo 3 canciones publicadas, haya sido contratado hace ya un par de años por una de las tres multinacionales más importantes del sector musical, Sony Music; palabras mayores. ¿Cómo es posible que una de las mayores empresas del mundo contrate a un artista de la nada? Sin experiencia, sin formación, sin titulación profesional, sin obra publicada… No, no es normal, ni es lógico. No sé si el hecho de que su padre sea el jefe de expansión de la compañía Lidl, habrá ayudado. Que cocines en tu casa no hace que una de las mayores cadenas hosteleras del mundo te contrate para que dirijas y prepares el menú de sus cocinas, igual que jugar un par de partidos en el equipo del barrio y ver todos los partidos del Barça no amerita que la dirección del F.C.Barcelona te llame para que juegues un partido con el primer equipo. ¿Por qué nunca sucedería algo así, pero sí pasa en la música? ¿Por qué por mucho que lea la sección de finanzas del periódico y por muy bien que se me den las cuentas no me contratan en la sucursal del banco de debajo de mi casa, pero sí puedo llegar a fichar por la mayor discográfica del mundo sin apenas distinguir compases binarios de ternarios? La respuesta es más fácil de lo que puedes estar pensando: porque por muy extraño que parezca, la música es lo que menos les importa. Porque los que están en esta industria, la mayor parte, no son músicos. Porque es un negocio que tiene de todo, menos música.

¿Alguien se ha leído las bases que publica RTVE para presentar la candidatura a Eurovisión? Yo sí. Varios años desde hace casi quince. Nunca lo presenté. Son una vergüenza. Dan verdadera pena. Mi integridad y mi moral me impiden participar de algo así. Ahí empieza todo, en las mismas bases. Y rompo una lanza a favor de la cadena pública, porque buena parte de los condicionantes vienen ya marcadas desde la organización del concurso, pero otras no, otras son por obra y gracia de RTVE y los irresponsables que ponen a cargo de todo este desastre. Que a nadie le extrañe que no haya programas de música en la televisión, ya no en directo, de música. No hay músicos en la televisión, y no hay música en las escuelas. No se lo pierdan… dicen que quizás vuelve ¡¡Operación Triunfo!! Lo dicho, la crisis musical es mucho más profunda de lo que parece, y parece muy, pero que muy profunda.

Más datos: Resulta que al inocente y despistado Manel, lo lleva una productora –Must! Producciones- que casualmente maneja a “pseudo-productos” de entretenimiento musical. ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Estás en tu casa y te visitan unos hombres de negro para ofrecerte un cambio radical y la posibilidad de convertirte en una mega estrella del día para la noche? No. Aquí hay contratos, letra pequeña, mucho dinero, muchos contactos, y muchas influencias. El tejemaneje de toda la vida. El país de la picaresca. El de los buenos primos y los malos hermanos. Él sabe –o debería saber- dónde estampa su firma. A quién le estrecha su mano. Al lado de quién sale en la foto. Si acepta en connivencia ciertas cosas, es responsable de las mismas. Me molesta especialmente porque me dedico a esto y llevo toda mi vida trabajando y formándome en esta profesión y hay que llamar a las cosas por su nombre.

Leía noticias previas a la designación de este chico de que había sido un tongo, una trampa, una manipulación, una estafa. Lo fue. No lo puedo tener más claro. RTVE publicó los datos de las llamadas que se efectuaron por parte de los espectadores en su gala Objetivo Eurovisión en la que elegían al representante español. Recibió la mitad de votos que su máxima competidora, una cantante llamada Mirela. Tres personas; Javier Cárdenas (locutor y presentador de radio y televisión), Virginia Diaz (subdirectora de Los Conciertos de Radio 3), y Xavi Martínez (presentador en Los 40 Principales), fueron designados como jurado de dicha gala, teniendo el 50% del peso de la decisión final. Una barbaridad. ¿De verdad Javier Cárdenas es el encargado de decidir sobre algo así? ¿Por qué no llaman a Chicote? Y no lo digo con animadversión hacia ninguno de ellos, lo digo porque que viaje en autobús urbano todos los días en mi ciudad no me capacita para seleccionar quién debe ser contratado como conductor en la empresa municipal. ¡Es un desquicie! ¡No tiene ni pies ni cabeza! ¡Da a entender que la música no vale nada y que la profesionalidad brilla por su ausencia!

Xavi Martínez comentó que él no cobró nada por su participación como jurado ¡Menos mal! Fue uno de los responsables directos de tamaña fechoría. Es indecente prestarse a algo así, formar parte de una actividad como esa, y estaba claramente incapacitado. No se puede ser juez y parte. Si la empresa que te paga, y el canal para el que trabajas, recibe dinero por campañas de publicidad y promoción de la empresa para la que trabaja uno de los participantes, por una cuestión moral y ética, jamás deberías poder ser parte del jurado. Si a eso añadimos que ya conocía a Manel, que ya había radiado en su propio programa la canción del joven catalán… ¿Qué más quieres? ¿Los dos haciendo karaoke juntos en casa? Fue un robo en mayúsculas. Xavi cree que basta y sobra con admitir que se equivocó (no hay que ser muy espabilado para darse cuenta), y sentirse apenado por el error. Lo que queda de poso, el rastro que deja, es que es un individuo poco confiable, con muy poco criterio, nula formación musical, y capaz de cualquier cosa por figurar y aparecer en los medios. Lamentable. Él también es uno de los culpables de todo esto, y lo sabe, y al menos, lo reconoce, que ya es un principio.

Que hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen.

Eso debió de pensar Sony Music de su lazarillo. Craso error. A ellos no les repercutirá demasiado, como siempre. Ya tienen a quien se queme a lo bonzo. Son apenas unas monedas en sus bolsillos, el cambio, un vuelto. Al chico es a quien le puede pasar factura. Quedará como “el del gallo”. Se quitará la camisa hawaiana que le pusieron, se peinará como a él le apetezca (todo un revolucionario), y cantará en español (si no me creen…al tiempo), y entonces dirá que ha evolucionado, que es más él que nunca (como si pudieses dejar de ser tú mismo sin ser consciente de ello…salvo que estés tan drogado que no recuerdes ni tu nombre). Ya está, ya engañaste a la gente, ya firmaste la publicación de ¡¡5 versiones del mismo tema!! Cuando apenas has registrado 3 canciones en toda tu carrera… ya fuiste último en Eurovisión. Si hay que ir se va, pero ir para nada es tontería.

Normal que ningún artista serio, profesional, y con una dilatada carrera esté dispuesto a presentarse a semejante bodrio.

Siempre nos quedará Portugal.
Música, nada más que eso.

Video de la actuación de Salvador Sobral
Ganador del certamen de Eurovisión 2017

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Si no te gusta, no lo leas

No aceptamos la opinión de los demás, mucho menos si es contraria a la nuestra. Buscamos su aprobación, su respeto, su apoyo, su cariño y afecto, pero no toleramos que nos critiquen. Cuando uno “publica” algo, la propia palabra indica el deseo de hacerlo global, de compartirlo con otros, de hacer partícipes a los demás. Uno sube una foto de sus viajes, de las fiestas a las que ha ido, de lo que ha comido, o de lo que lleva puesto, y de algún modo, quiere que los demás lo sepan. Lo reconozca o no, busca el beneplácito y la aprobación de los demás, de lo contrario, no tendría esa necesidad de socializar y propagar algo que es del ámbito privado y personal, pero somos seres sociales y buscamos ese aprecio en los otros.

Nos sentimos tan solos, tan aburridos, que necesitamos gritar al ciberespacio que estamos en el gimnasio, mostrarle lo que vamos a cenar, y fotografiar a nuestro perro para que todos lo vean y lo conozcan cada vez que lo sacamos a pasear. Estamos mucho más pendientes del “qué dirán”, de si gusta o no eso que hacemos o decimos, que de vivir el momento. Medimos nuestro éxito o fracaso en base a la aprobación que hemos obtenido por nuestras publicaciones en las redes, y nos autoproclamamos “influenciadores”, tratando de convencer a los que nos ven y nos leen de que marcamos tendencia, de que nuestras ideas y nuestros valores son los correctos. Y que nadie diga lo contrario, que lo bloqueo. Porque se puede bloquear, se puede silenciar a quienes no comparten nuestras ideas, a quienes no nos ríen las gracias ni nos bailan el agua.

Necesitamos que otras personas nos sigan, nos puntúen, nos valoren, incluso que compren nuestros productos o contraten nuestros servicios, que vengan a vernos a nuestros espectáculos, y que nos den las 5 estrellas, el pulgar hacia arriba, pero… ¿Y si no les gusta? Si no les gusta que no lo vean, que no lo escuchen, o que no vayan.

Yo, al contrario de lo que promulga Facebook, que no permite los “no me gusta” porque entiende que se crearía mucha crispación, malestar, y enojo inútilmente, creo que se está creando una generación que no acepta un no por respuesta, que no asume la crítica, que no digiere al diferente, al que no piensa igual, al que no siente lo mismo, al que no está de acuerdo. Hay países que quieren levantar muros para separar a los que son distintos. La globalización unifica todo, y deja de lado a aquellos que no siguen la idea triunfadora. Nos canaliza a todos para que pasemos por el mismo aro, y nos muestra los casos de éxito, pero nunca nos habla de los perdedores, que por cierto, son más numerosos, y que sufren en silencio las consecuencias de los sueños frustrados y los proyectos perdidos.

Una nueva moda, una empresa innovadora, una aplicación de éxito… sale cada día en los noticieros. Nunca se habla de los que lo intentaron, de todas aquellas ideas que miles de jóvenes emprendedores trataron de poner en marcha y con las que fracasaron con estrépito. Lo he visto en amigos míos. He conocido artistas de éxito, y por cada uno que ha logrado alcanzar cierto reconocimiento he visto cientos que se quedaron en el camino, con su rabia, su frustración y su decepción, sin que nadie reparase en ellos.

Dicen que la crítica negativa si no es constructiva no aporta nada, y es cierto, pero no es menos cierto que el halago, si no es constructivo, tampoco. Sirve para fomentar individuos que se auto engañan, mimados, endebles, presuntuosos. Se auspicia una sociedad egocéntrica, consumista y superficial, a la que sólo le interesa lo inmediato, el aquí y ahora, despreocupada por los demás, desinteresada por todo lo que no le afecte de forma directa, cada día más inculta, y cada día más competitiva, en el mal sentido de la palabra. A la que le cuesta ganar, y a la que como le pasó a Manel Navarro en Eurovisión, no sabe perder.

Cambiar de opinión no es visto como un síntoma de corrección o sabiduría sino como una muestra de debilidad y fragilidad. Es preocupante que así sea. Somos permeables y esa capacidad para reinventarnos, cuestionarnos las cosas, innovar, no hace sino demostrar nuestra inteligencia, nos ayuda a progresar como individuos y también como colectivo, pero hay quien no lo ve así. Te aferras a una idea como a un clavo ardiendo, pase lo que pase, caiga quien caiga. No hacemos sino mostrar lo inseguros que estamos y que nos sentimos, nuestra incapacidad para dialogar, nuestra falta de empatía. El miedo nos paraliza; miedo a decir lo que sentimos, lo que creemos, lo que no nos gusta. Miedo a no ser aceptados por la mayoría. Miedo a que nos digan aquello que no queremos escuchar y que no somos capaces de decirnos ni nosotros mismos. Miedo a aceptar que no somos los seres extraordinarios que soñamos ser.

Eres el dueño de tu vida, el esclavo de tus palabras, y el protagonista de tus actos.
Siempre es más difícil aprender a decir que no.

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Novedades después del accidente, vuelvo a agarrar la guitarra

No os podéis imaginar lo mucho que he disfrutado de poder volver a agarrar la guitarra y poder tocar de nuevo después del accidente. Qué buena sensación!

Esta foto me la hicieron mis amigos Fabri y Fer minutos antes del golpe. Ya ven, uno nunca sabe qué es lo que va a ocurrir y hay que estar preparado para lo que venga, para lo bueno y para lo malo. Pero ¿Se puede uno preparar para ciertas cosas?

Pensaba en la diferencia entre existir y vivir, y en la importancia de que uno se desarrolle en aquello que le mueve, sea lo que sea, no importa. Convengamos que lo importante es el camino, y no tanto la meta, porque una vez terminas el objetivo hay cierto vacío que únicamente logras llenar al fijarte nuevas metas y emprender nuevos caminos.

Hay que saber escuchar, aunque también hay que saber decir que no. Muchos te llenarán de consejos. Todos parecen saber qué hacer con tu vida y cómo conseguir que las cosas te salgan bien, y lo cierto es que te aconsejan aquello que ellos jamás han hecho, ni intentado. No usan sus propios consejos para consigo mismos, pero están convencidos de que a ti te servirán. Te trasladan sus miedos y sus frustraciones. A veces intentan convencerte de que siguiendo sus pasos todo irá bien, sin darse cuenta de que tú quizás no quieras estar dónde están ellos, simplemente, porque no eres como ellos. Y así, tropezando una y mil veces, buscando superarte y retarte a ti mismo, alzando la vista y viendo a tu alrededor, vas encontrando tu propio camino y echas la vista atrás y te alegra ver lo que has recorrido, sí, lo bueno y lo malo también.

Me gustaría que quienes me conocen me recordasen así, como en esta foto; cantando canciones, tocando la guitarra, rodeado de amigos, sintiéndome ciudadano del mundo, compartiendo con otras personas, aprendiendo cada día algo nuevo, y no apartándole la mirada ni la sonrisa a la gente que quiero.

Nos hablamos!
Un abrazo!