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Capítulo 4 – Diario de grabación por Daniel Díaz Fentanes

Aterrizas, caes, imaginas, trabajas, caes, vuelves a imaginar, vuelves a caer, buscas una pared para poder romperte el cráneo pero no encuentras ninguna lo suficientemente dura para tú cabeza… mejor volver a imaginar, volver a trabajar, caes, resistes, te levantan… gracias…. que difícil es construir, que fácil destruir, creo que necesito dormir pero no es el momento, te pierdes, naufragas y te rescatan, te recuerdan lo esencial, y sabes que tienen razón… volvamos a imaginar, sólo el artesano sabe lo que se sufre y lo que necesita a los demás.

Hemos sufrido, hemos discutido, hasta se puede herir… debemos cruzar, debemos cruzar juntos, empujando, sujetándonos, aupándonos, creyendo, confiando, hemos sentido la arena del reloj consumiéndonos hasta la locura en la que nos hemos querido sumir sin remordimientos.

No hay derecho a que el mundo sea cómo uno quiere, y el amor de los demás te recuerda que no estás sólo, que sufrimos juntos, que padecemos juntos y acabamos juntos, que el tiempo desaparece pero se queda dentro de ti, que las cosas que nacen son siempre una catarsis en la que todos intentan dar lo mejor aunque a veces a uno mismo se le olvide.

Samuel, lo hemos hecho, hemos cruzado el Tíber y lo hemos hecho nacer. Todos, juntos, unidos, separados, pegados con esparadrapos que tapan nuestras heridas y que nos recuerdan que somos nosotros los que nos herimos.

Gracias y perdona, mamón y perdón, maleducado, perdón… sé que al final tu has confiado más en mi que yo mismo, y en todos más que nosotros mismos… hemos imaginado, hemos creado y he llorado cómo hacia años…. Inolvidable.

Gracias mamón.

Daniel Díaz Fentanes
Baterista de “Los Niños Perdidos”