Publicado el

Capítulo 10 (Final) – Diario de grabación por Samuel Leví

Ya está, se terminó. Veo frente a mi, como con una mezcla de temor y admiración, la carpeta que contiene las seis canciones de mi nuevo disco, el tercero. Un sueño que se cumple. Muchas ilusiones y fantasías contenidas en apenas 30 minutos de música. Me cohíbe mostrárselo a alguien. Tengo siempre la sensación de que no va a poder entender cuánto significan para mí. Debería incluir un mensaje de advertencia que alertase de que contienen trazas de vida, de piel. Sangre, sudor, lágrimas y más de una carcajada entre línea y línea, ocupando la séptima de algunos acordes dominantes. Le puedes dar más de una vuelta a la tortilla, pero con una basta, lo sabemos todos. Para qué rizar más el rizo. Es lo que es. Hay discos que se eternizan, y parecen no completarse nunca. La canción quiere salir a la calle, conocer otras caras, otros nombres, y ser tarareada por voces expertas en escenarios tales como duchas, líneas de metro, pilotos al volante que recorren la A6, y corredores de fondo del parque del barrio. No importa quien las atrape, que por favor las cuide. Significan mucho para mí.

El disco ha sido grabado como siempre soñé que grabaría un disco; en un estudio de verdad, de esos con miles de millones de botones e instrumentos con los que siempre quisiste jugar. Profesionales de primera, una selección de lo más granado del panorama under musical de nuestro país, esas eternas promesas que pasaban desapercibidas en el mercado de fichajes y que cambiaban el curso del equipo por el que firmaban en pleno invierno. Gente humilde, sincera, amiga. Que sabes que te quieren y te respetan. Les das la llave de tu casa y les dejas a tus hijos a su cuidado. No es sencillo.

Roma ha sido el decorado fantástico en el que he tenido la suerte de poder firmar este trabajo. ¡Quién me lo iba a decir hace un año! Lo celebré con unos fetuccini a la matricciana de película. Me he tatuado en la lengua no soltar en ninguna entrevista, la carcomida idea de que “este es mi mejor disco”, pero entre nosotros; lo es. Ojalá pudiese publicar siempre las canciones con estos trajes, de esta guisa,… ojalá. Me alegra por las canciones, por quien me ha ayudado a hacerlas (“los niños perdidos”), y sobre todo, por quien las vaya a escuchar.

Me quedo con el hecho de haber podido compartir esta aventura con diez amigos excepcionales, y con una novia maravillosa. Gracias a quien creyó en mí y me dio este premio que, -claro que sí-, me ha cambiado la vida.

No es fácil hacerle entender a los demás qué se siente cuando grabas un álbum con tus propias canciones, y no importa cuántos hayas grabado, de verdad que no. La satisfacción personal es inmensa. Saber que uno ha hecho exactamente lo que quería hacer. Algo tuyo, donde te encuentras, donde te reconoces,…

Dejadme unos días a solas con él. Luego, será todo vuestro.
Gracias por confiar en mí y apoyarme para hacer esto posible.
Un fuerte abrazo,

Samuel Leví
Compositor, autor, voz, guitarra, y armónica en “Samuel Leví y Los Niños Perdidos”

Samuel Leví en el estudio de Roma